Para Zygmunt Bauman vivimos un interregno entre la
paz y la guerra donde la soberanía flota sin ancla y todo puede pasar.
En esta entrevista dice que el humanismo no está de regreso y que las
luchas por territorios dieron lugar a las disputas por recursos.
POR
Hector Pavon
Primera Guerra. Soldados franceses en 1916 en el este de Francia listos para combatir.
Zygmunt Bauman ha vivido gran parte del siglo XX y hoy transita
los años de otro siglo. La mayor parte de sus años vividos
transcurrieron bajo un cielo bélico. Ese contexto ha acompañado su vida
personal y lo ha marcado para siempre. Bauman es un filósofo polaco que
nació en Poznan, una ciudad alemana que se convirtió en territorio
polaco al final de la Primera Guerra Mundial. Luego debió huir de su
país en los años 50 cuando el antisemitismo lo acorralaba. Se refugió en
la Unión Soviética y finalmente, recaló, ya en los sesenta y para
siempre en Leeds, ciudad británica con una universidad que lo cobijó.
Con el correr de los años, su pensamiento se afianzó, abandonó los
andamios y se erigió como una estructura segura capaz de soportar el
peso de los procesos políticos y sociales que vivió como testigo y
protagonista.
Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds.
Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo
del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un
diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un
modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad.
Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una
modernidad “sólida” hacia otra “líquida”. Al mismo tiempo y hasta el
presente se ocupó de la convivencia de los “diferentes”, los “residuos
humanos” de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres
todos.
En su papel de analista social, económico, político,
también se situó como observador testigo de las guerras que vivió. De
las que los países por los que transitó afrontaron. En este diálogo por
escrito, Bauman disecciona esta era desde la óptica bélica, la de un
estado que pasa de la guerra a la paz armada, o de vigilia ante el
ataque inminente.
¿Cómo caracteriza a esta era? ¿Es una era de paz, de guerra o una combinación de ambas posibilidades?
Habiendo
unas cincuenta guerras en curso, desde Aceh, pasando por todo el
alfabeto hasta Yemen, ¿podemos llamar a esta época “una era de paz”?
Difícilmente. No obstante, tampoco podemos llamarla una era de guerras.
Los conflictos armados en este tiempo tienden a comenzar sin ser
declarados y continúan aparentemente en forma indefinida, convirtiéndose
en el camino en un “estado normal”.... Terminan lentamente, por
agotamiento, por cansancio, por desgaste antes que dramáticamente,
mediante conferencias de paz y firmas de acuerdos. Además, la mayoría de
las guerras que se libran en la actualidad no se llevan a cabo entre
Estados, sino entre las “dirigencias” y los “rebeldes” o entre dos o más
partes hostiles del mismo país –regionales, tribales, étnicas,
religiosas, ideológicas- cuando no son simplemente pandillas rivales
financiadas por fuentes en conflicto.
¿Crear enemigos es parte del juego de la guerra? ¿Es un elemento clave de la naturaleza del capitalismo?
Sí...
Además de todos sus fines explícitos o tácitos, las guerras
(hostilidades abiertas contra un enemigo designado, derramamiento de
sangre, creación de hechos consumados con la esperanza de que lleguen a
un punto de no retorno) son una forma importante de asertividad en una
campaña hacia el papel de actor importante en el juego de poder.
Frederic Barth, gran antropólogo noruego, observó que contrariamente a
la creencia general, las fronteras no se trazan (y no se excavan
trincheras) debido a las diferencias entre poblaciones vecinas, sino que
las diferencias se espían, agudizan y magnifican debido a fronteras que
después de haber sido trazadas están exigiendo explicación y
consolidación... Mientras que Carl Schmitt, revalorizado actualmente
como un importante teórico político del siglo pasado, optó por la
“designación de un enemigo” como el acto constitutivo de toda la
política y un rasgo determinante de la soberanía política, Carl von
Clausewitz sugirió, como es sabido, que la guerra es una extensión de la
política por otros medios. Yo me pregunto si el orden ahora no se habrá
invertido...
El filósofo italiano Giorgio Agamben dijo
que después de 1914 vivimos en un estado de excepción y, por
consiguiente, en un estado permanente de guerra. ¿Qué piensa de esa
opinión?
En mi vocabulario hay otro término: interregno.
Declarar y mantener un “estado de excepción” es una prerrogativa y un
signo de un Estado soberano: “interregno” (un término que tomé de
Antonio Gramsci) es por otro lado un estado que deriva de una condición
con múltiples centros: de una soberanía que flota sin un lugar obvio
donde echar anclas y que se convierte en un objetivo en la lucha de
poder. Yo reconozco la condición planetaria actual como un caso de
interregno. De hecho, tal como postuló Antonio Gramsci, las viejas
formas de hacer las cosas ya no funcionan, en tanto todavía no se han
diseñado e implementado formas más nuevas y efectivas. El viejo orden
fundado hasta hace poco sobre un principio igualmente “trino” de
territorio, Estado y nación como clave de la distribución planetaria de
la soberanía, y sobre el poder aliado aparentemente para siempre a la
política del Estado-nación territorial como su única representación
operativa, está muriendo a esta altura. La soberanía ya no está pegada a
ninguna de las entidades ni elementos del principio trino; como mucho,
está atada a éstos pero sin rigor y en proporciones mucho más reducidas
en tamaño y contenido. El supuestamente inquebrantable matrimonio del
poder y la política está, por otro lado, terminando en una separación
con una perspectiva de divorcio. Por esa razón, justamente, todo puede
llegar a pasar en el estado de interregno, mientras que nada puede
emprenderse con una seguridad de éxito.
Hay corrientes y
filósofos diversos que piensan que estamos viviendo una época en la que
ha vuelto el humanismo, donde la persona es el centro de las
discusiones. Pero, ¿es posible cuando persisten guerras permanentes?
¿El
“humanismo’”ha vuelto? ¿De dónde? En toda la era moderna no se movió
demasiado –estuvo constantemente en el horizonte, como un objetivo más
que como una descripción del status quo– un ideal todavía no alcanzado
pero deseable y deseado y del que se hablaba de la boca para afuera
ocasionalmente; pero, al mismo tiempo, mayormente conspicuo por su
ausencia de las realidades de la vida cotidiana o con cierta forma de
presencia –pero de una manera muy alejada del ideal. Y “humanismo”
significa más, mucho más que “poner a la persona en el centro de la
discusión”. Significa, como dijo Richard Sennett recientemente, una
“cooperación informal, abierta” –un precepto considerado crucial para
elevar la integración social desde el nivel de los Estados-nación al de
la humanidad planetaria... “Informal” significa: la cooperación no se
introduce con normas de procedimiento preconcebidas –las normas para
proceder surgen durante la cooperación. “Abierta” significa: ninguna
parte considera su posición a priori buena o apropiada, cada parte se
abre a los argumentos de ambas partes, acordando tanto aprender como
enseñar. Y “cooperación” (distinto de la mera “discusión”) significa que
todos los participantes se benefician, en vez de caer en ganadores y
perdedores... Este tipo de “humanismo” está actualmente en el horizonte
de nuestra interdependencia planetaria –pero repito, hasta ahora no
tanto cerca de la realidad como en su horizonte... De todos modos, su
presencia no carece de significado: obliga a los agresores militares a
pedir disculpas por matar “civiles inocentes”, aunque no necesariamente
implique detener la matanza. Las víctimas tienden a ser “justificadas”
como “daño colateral” causado inadvertidamente en la lucha por una causa
justa...
¿Cómo se expresa la idea de liquidez, en tanto
cambio, transitoriedad, en la guerra? ¿O, en realidad, debemos hablar de
paz líquida?
En nuestra condición de interregno, la
“liquidez” se manifiesta principalmente en lo tenue, lo contencioso y lo
frágil de la línea que separa la guerra y la paz, así como también en
un carácter “no estructurado” de gran número de hostilidades. Rara vez
enviamos hoy ejércitos expedicionarios para destruir al adversario.
Tendemos a recurrir a medios más “humanos”, como por ejemplo sanciones
punitivas; éstas, no obstante, castigan principalmente a los mismos
“civiles inocentes”. Según muchas estimaciones, murieron más niños
iraquíes debido a la desnutrición causada por las sanciones impuestas de
los que resultaron muertos en el transcurso de la acción de guerra...
Desde
la más temprana antigüedad, los países luchaban por territorios. ¿Se
podrían imaginar guerras por el agua, distintas clases de energías o el
oro, por ejemplo?
Históricamente, sí;
quizá, de manera más espectacular en la era de la construcción de país y
la soberanía territorial (distinta de controlada a distancia). Pero
desde entonces hemos tenido (y todavía tenemos y muy probablemente
tendremos) un número creciente de guerras por otros intereses: petróleo,
minerales, pero principalmente por la eliminación de líderes políticos
“recalcitrantes” o regímenes que tratan de desarrollar una política
económica autárquica y resistente a las presiones de los mercados
globales y la circulación global de los productos básicos, las finanzas y
los capitales. A medida que disminuyen los recursos naturales, el
acceso a éstos podría desempeñar perfectamente un rol creciente entre
los factores que llevan a la guerra.
¿Qué simboliza la existencia de ejércitos privados operando como si nada en las guerras de esta época?
Lo
más seminal y amenazador es la tendencia a apartar del control político
(democrático, popular) las acciones militares y la responsabilidad por
sus consecuencias; tal vez sea un primer paso hacia la sujeción del uso
de la fuerza y el ejercicio de la coerción a las fuerzas del mercado y a
los criterios que éstas despliegan y promueven. Asimismo, es un medio
de silenciar de antemano el probable disenso popular contra la guerra;
cuando mueren en acción, los soldados profesionales por contrato que
prestan servicio por su propia voluntad a las empresas que los
contrataron muy probablemente desatarían una indignación mucho menor a
nivel nacional y provocarían mucho menos resentimiento popular y
protesta que los soldados conscriptos llamados a servir al país y que
eran sometidos a corte marcial en caso de desobedecer al llamado o si se
negaban a prestar servicio. Es probable que la actividad de soldado se
convierta en otro empleo voluntariamente aceptado, que traiga aparejados
como todos los empleos, sus propios riesgos profesionales
específicos... De esa forma se podría extraer el veneno político de los
aguijones de la guerra...
Jürgen Habermas está harto. En los últimos días, el
filósofo está haciendo todo lo que está en su mano para llamar la
atención sobre lo que considera la desaparición del ideal europeo.
Espera poder contribuir a salvarlo de los ineptos políticos y de las
oscuras fuerzas del mercado. Extractos.
Muy enfadado. Está totalmente furioso, sí, porque se lo toma todo
como algo personal. Da un golpe en la mesa y grita: "¡Basta ya!".
Simplemente no quiere ver cómo Europa acaba en el cubo de la basura de
la historia mundial. "En este caso hablo como ciudadano", afirma.
"Preferiría quedarme sentado en mi casa, en mi despacho, créanme. Pero
esto es demasiado importante. Todo el mundo tiene que entender que nos
enfrentamos a decisiones críticas. Por eso me implico personalmente en
este debate. El proyecto europeo no puede seguir con este carácter
elitista".
¡Basta ya! Europa es su proyecto. Es el proyecto de su generación.
Con 82 años, Jürgen Habermas quiere que corra la voz. Habla desde un
estrado del Goethe Institut en París. Normalmente dice cosas
inteligentes como: "En esta crisis, los imperativos funcionales y los
sistemáticos chocan", haciendo referencia a las deudas soberanas y a la
presión de los mercados. A veces, consternado, niega con la cabeza y
dice: "Es sencillamente inaceptable, sencillamente inaceptable",
refiriéndose al dictado de la UE y a la pérdida de soberanía nacional de
Grecia.
Y entonces vuelve a enfurecerse: "Condeno a los partidos políticos.
Hace tiempo que nuestros políticos son incapaces de aspirar a algo más
que a ser reelegidos. No tienen en absoluto fundamento político ni
ninguna convicción". Por la naturaleza de esta crisis, la filosofía y la
política que se debate en los bares a veces se encuentran al mismo
nivel.
El golpe de Estado de los tecnócratas
Por eso está aquí sentado. Por eso ha escrito recientemente para el Frankfurter Allgemeine Zeitung
un texto en el que critica el cinismo de políticos europeos y su
“alejamiento de los idelaes europeos”. También acaba de publicar un
libro, un "folleto", como él lo denomina, que el reputado semanario
alemán Die Zeit se apresuró a comparar con el ensayo "La paz perpetua"
de Immanuel Kant, escrito en 1795. Pero ¿tiene la respuesta a la
pregunta sobre qué camino deben emprender la democracia y el
capitalismo?
"Zur Verfassung Europas" ("Sobre la constitución Europea") es el
título de su nuevo libro, que consiste básicamente en un largo ensayo en
el que describe cómo ha cambiado la esencia de nuestra democracia bajo la presión de la crisis y
la histeria de los mercados. Habermas afirma que el poder se ha
escapado de las manos de los pueblos y ha acabado en organismos de
cuestionable legitimidad democrática, como el Consejo Europeo.
Básicamente insinúa que los tecnócratas desde hace tiempo han perpetrado
un golpe de Estado silencioso.
Habermas se refiere al sistema que Merkel y Sarkozy han establecido
durante la crisis como una "post-democracia". El Parlamento Europeo
apenas tiene influencia. La Comisión Europea ocupa "una posición
extraña, en suspenso", sin responsabilizarse realmente de lo que hace.
Sin embargo, señala ante todo al Consejo Europeo, al que se le otorgó
una función central en el Tratado de Lisboa, algo que Habermas considera
una "anomalía". Considera al Consejo como "un organismo gubernamental
que actúa en política sin tener autorización para ello".
Confía en el buen juicio del pueblo
En este punto, cabe mencionar que Habermas no se caracteriza por ser
una persona descontenta, pesimista ni fatalista, sino que es un
optimista inquebrantable y eso es lo que le convierte en un fenómeno tan
poco habitual en Alemania. Habermas cree realmente en la racionalidad
de las personas. Cree en la democracia ordenada y de toda la vida. Cree
realmente en una esfera pública que trabaja para mejorar las cosas.
También explica por qué miró con felicidad a la audiencia en esa tarde
de mediados de noviembre en París.
Mientras los activistas del movimiento de Ocupación se niegan a
formular ni una sola demanda, Habermas explica en detalle precisamente
por qué ve a Europa como un proyecto de civilización que no podemos
permitir que fracase y por qué es necesaria la "comunidad global" para
reconciliar la democracia con el capitalismo. Por otro lado, después de
todo tampoco se diferencian tanto del filósofo y escritor los
revolucionarios en directo del movimiento de Ocupación. Se trata
básicamente de una división entre las formas de trabajar, entre lo
analógico y lo digital, entre el debate y la acción.
"En algún momento después de 2008", comenta Habermas con una copa de
vino blanco tras el debate, "comprendí que el proceso de expansión,
integración y democratización no avanza automáticamente de forma
espontánea, que es reversible, que por primera vez en la historia de la
UE, estamos experimentando realmente una desarticulación de la
democracia. No creo que sea posible. Nos encontramos en una
encrucijada".
"La élite política en realidad no tiene ningún interés en explicar a
la gente que se están tomando decisiones importantes en Estrasburgo: lo
único que temen es perder su propio poder", afirma. Esto es importante
para entender por qué se toma el asunto de Europa de forma personal.
Tiene que ver con la Alemania maligna del pasado y la Europa buena del
futuro, con la transformación del pasado en el futuro, con un continente
que una vez estuvo roto por la culpabilidad y ahora está destrozado por
la deuda.
Los pueblos junto a los ciudadanos de Europa
Su visión es la siguiente: "Los ciudadanos de cada país individual,
que hasta ahora han tenido que aceptar que las responsabilidades se
reasignaran a través de las fronteras de la soberanía, como ciudadanos
europeos podrían aportar su influencia democrática para sustentar a los
Gobiernos que actualmente actúan dentro de un área gris constitucional".
Este es el argumento principal de Habermas y lo que falta en la
visión de Europa: una fórmula para lo que no funciona en la construcción
actual. No ve la UE como una mancomunidad de Estados ni como una
federación, sino más bien como algo nuevo. Es una construcción legal que
han acordado los pueblos de Europa junto a los ciudadanos de Europa, en
otras palabras, nosotros con nosotros mismos, de una forma dual y
omitiendo a cada Gobierno. Como es lógico, con esto se acaba la base de
poder de Merkel y Sarkozy, pero de todos modos es a lo que aspira.
Existe una alternativa, afirma, existe otra vía distinta al
progresivo cambio en el poder del que somos testigos actualmente. Los
medios de comunicación "deben" ayudar a los ciudadanos a comprender la
enorme influencia que ejerce la UE en sus vidas. Los políticos sin duda
"comprenderían" la gran presión que sufrirían si Europa fracasara. La UE
"debe" democratizarse.
"Si fracasa el proyecto europeo", afirma, "entonces surgirá la
pregunta de cuánto tiempo se tardará en volver a llegar al statu quo.
Recuerden la Revolución alemana de 1848: cuando fracasó, tardamos 100
años en volver a lograr el mismo nivel de democracia de antes".
Desigualdad e inseguridad son naturalizadas a nivel
mundial como “daños colaterales” del sistema. En dos nuevos libros,
Bauman analiza el fenómeno. Sus consecuencias, en una entrevista.
POR
Fernando Bruno
GUANTANAMO. Esta prisión irregular es parte del mundo forjado tras los atentados terroristas contra las Torres Gemelas el 11-S.
El término “daño colateral”, aplicado a estructuras edilicias,
individuos o comunidades enteras, se utilizó hasta el hartazgo en los
últimos años para describir las bajas materiales y víctimas “no
intencionales” o “imprevistas” de las operaciones militares y pasó a
formar parte de nuestro lenguaje cotidiano. El sociólogo polaco Zygmunt
Bauman se vale de esta categoría para realizar un complejo y profundo
análisis de la desigualdad en las sociedades contemporáneas. Su visión
es lúcida y pesimista; su interpretación de los hechos precisa y
contundente.
¿Cuál es la trampa mortal que Bauman reconoce en la
lógica del daño colateral? Sus consecuencias fatales, que se presentan
siempre como neutrales y azarosas, en realidad, forman parte de un
calculado engranaje de dominación, cuyas víctimas son la mayoría de las
veces las mismas: los pobres, los marginados, los indefensos. “En el
juego de los riesgos –indica–, los dados están cargados”: “Quienes
decidieron sobre las bondades del riesgo no eran los mismos que
sufrirían las consecuencias”.
El libro Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global
recopila una serie de conferencias pronunciadas por Bauman sobre el
tema durante 2010 y 2011. Los temas que abarca son llamativamente
diversos sin perder el hilo conductor: de la concepción griega del ágora
a los nuevos comportamientos asociados a la web 2.0 y las redes
sociales, pasando, entre otros, por la teología política de Carl
Schmitt, el tratamiento de la pobreza en la ópera Wozzeck
de Alban Berg, y el análisis de documentos clasificados sobre los
ataques nucleares en Hiroshima y Nagasaki. Bauman reconoce en ellos el
estigma de la desigualdad y lo estudia consecuentemente.
Nuestra
época, señala, adolece de una dificultad estructural, la radical
incompatibilidad entre el mundo global que habitamos y las políticas y
leyes de matriz nacional que nos rigen. “Todas las instituciones
políticas que tenemos hoy a nuestra disposición fueron hechas a medida
de la soberanía territorial, de los Estados nacionales: se resisten a
ser estiradas a escala supranacional o planetaria; y las instituciones
políticas que sirvan a la autoconstitución de la comunidad planetaria no
serán –no pueden ser– ‘las mismas, pero más grandes’”. La vieja
fórmula del Estado de Bienestar europeo, o el “Estado social” como
prefiere llamarlo Bauman, ya no satisface efectivamente las necesidades
de sus habitantes. En la actualidad, la tarea de otorgar condiciones
de vida dignas queda librada a cada individuo particular, a su
capacidad de posicionarse satisfactoriamente en el juego impuesto por
las leyes de mercado y de defenderse frente a la siempre presente
posibilidad de perderlo todo; “El miedo que la democracia y su retoño,
el Estado social, prometieron erradicar, ha retornado para vengarse”.
El
mundo se ha vuelto multicultural y, no obstante, el par, el vecino, y
mucho más el extranjero o el desconocido, se han vuelto un enemigo. La
promoción de la libre circulación de capital choca violentamente con
las fuertes restricciones a la circulación de personas en busca de
trabajo; en ese enfrentamiento encuentran su fundamento las recientes
políticas globales de seguridad, fallido intento de creación de un
nuevo orden. Bauman las analiza a partir de dos perspectivas puntuales:
por un lado, la de los pasajeros de avión, que diariamente asienten
que oficiales de migraciones desarmen sus equipajes y escudriñen sus
pertenencias personales, que perros los olfateen, que se someten a todo
tipo de situaciones que en otras circunstancias les parecerían
denigrantes y que, sin embargo, lo hacen sin protestar, “agradeciendo a
las autoridades” por ocuparse de su seguridad. Por el otro, la de la
apatía más o menos generalizada con la que se recibió la información de
la existencia de una enorme cantidad de prisioneros que sin un juicio
justo cumplen indefinidas condenas en prisiones irregulares como las de
Guantánamo y Abu Ghraib.
En ambos casos, se trata de
situaciones inéditas de vejación personal (pequeñas en un caso,
realmente horrorosas en el otro) que saltan a la vista rápidamente al
momento de reflexionar sobre el problema de la seguridad en el mundo
post 11-S. Lo que estos dos ejemplos, que son más o menos excepcionales
si consideramos a la totalidad de la población del mundo, no llegan a
mostrar, y este es tal vez el punto más relevante de las tesis de
Bauman, es el modo en que la desigualdad y la inseguridad vital se
extienden ininterrumpidamente en todo el globo. Según esta lectura, la
publicidad de una multiplicidad de amenazas, “ya se originen en
pandemias y dietas o estilos de vida insalubres, o bien en actividades
delictivas y comportamientos antisociales de la ‘clase marginal’ o, en
los últimos años, del terrorismo global”, es el mecanismo reactivo que
opera en una sociedad cuyo principal drama es la imposibilidad de
resolver la inseguridad y las vulnerabilidades económicas que le son
estructurales y contra las que los Estados hacen en general muy poco.
A
este estado de cosas se le suma el problema de la “multiculturalidad”,
una etiqueta amable que oculta una realidad poco amistosa. Sobre ella
escribió en Comunidad: “Aparentemente el
multiculturalismo está guiado por el postulado de la tolerancia liberal
y por la atención al derecho de las comunidades a la autoafirmación y
al reconocimiento público de sus identidades elegidas (o heredadas).
Sin embargo, actúa como una fuerza esencialmente conservadora: su
efecto es una refundición de desigualdades”.Y luego agregó: “Lo que se
ha perdido de vista a lo largo del proceso es que la demanda de
reconocimiento es impotente a no ser que la sostenga la praxis de la
redistribución, y que la afirmación comunal de la distintividad
cultural aporta poco consuelo a aquellos cuyas elecciones toman otros,
por cortesía de la división crecientemente desigual de recursos”.
Guetos voluntarios
La
configuración material de las ciudades no es ajena a este fenómeno.
Históricamente, los centros urbanos fueron espacios de convivencia de lo
heterogéneo, incluso resistentes a los esfuerzos unificadores
coercitivos característicos de los Estados nacionales, en los que
personas provenientes de lugares con diferentes costumbres crecían en
contacto con otras pautas culturales. La globalización, en este sentido,
no es un fenómeno reciente; basta considerar la situación de nuestro
país a comienzos del siglo XX, un extraordinario laboratorio de
hibridaciones desarrollándose a la vista del mundo. En las últimas
décadas, sin embargo, las ciudades, que todavía son polos de atracción
en las que se reúnen personas de múltiples proveniencias, han ido
modificando progresivamente su fisonomía, de modo que ese contacto con
lo extraño se parece hoy más a una gran excursión turística que a una
experiencia vital relevante. Bauman ve las profundas dificultades e
incertidumbres sobre las que se sostiene en la actualidad esta
situación; sintéticamente, enuncia el problema de la siguiente manera:
“Si bien en su origen fueron construidas para brindar seguridad a todos
sus habitantes, hoy las ciudades se asocian más al peligro que a la
seguridad”.
Las transformaciones urbanas ocurridas en los
últimos años, así como los nuevos comportamientos que las acompañan,
fueron copiosamente estudiados por investigadores locales y
extranjeros, notoriamente en el caso argentino en los libros Los que ganaron. La vida en los countries y La brecha urbana. Countries y Barrios privados en Argentina de Maristella Svampa, Buenos Aires a la deriva, editado por Max Welch Guerra y Miradas sobre Buenos Aires,
de Adrián Gorelik. Casos como el de los barrios cerrados han ocupado
importantes segmentos de los medios masivos de comunicación, desde las
secciones de espectáculo hasta las policiales, constituyéndose
paradójicamente en un objeto un tanto agotado desde el plano discursivo
pero completamente vigente en sus consecuencias negativas para la vida
urbana.
Bauman encuentra un recurso interesante para seguir
iluminando el problema de estos “guetos voluntarios” en la comparación
de los comportamientos reales con los virtuales. Estamos, como todos
sabemos y experimentamos diariamente, en los tiempos del imperio de las
redes sociales: gran parte de nuestros intercambios con el resto de las
personas se realiza a través de las plataformas virtuales; incluso el
correo electrónico, el medio que más se asemeja a los utilizados en la
comunicación tradicional por su similitud con el formato epistolar,
está perdiendo el rol central que cumplía hace algunos años. Sin caer
en la crítica simplista de esta realidad, Bauman realiza un comentario
perspicaz: “Vivimos en la época de los teléfonos celulares (por no
mencionar MySpace, Facebook y Twitter): los amigos pueden intercambiarse
mensajes en lugar de visitas; toda la gente que conocemos está
constantemente ‘en línea’ y en condiciones de informarnos por adelantado
sobre sus intenciones de darse una vuelta por casa, de modo que un
súbito golpe en la puerta o un timbrazo que suena sin previo aviso son
eventos extraordinarios, es decir, potenciales peligros”.
Obtenemos
así un monstruo de dos cabezas que combina el confinamiento a nivel
territorial y urbano con la expansión de la exposición de la privacidad
en el ámbito virtual. Esta referencia de extrema actualidad permite
repensar el problema de la seguridad, incorporando nuevos matices. La
conclusión, sin embargo, es la misma: el miedo, la razón primera por la
que optamos por “comunidades cerradas”, sigue ahí; construimos barrios
privados, enrejamos nuestras casas, nos encerramos en mundos virtuales,
y, no obstante, el miedo no se disipa. La necesidad de seguridad, dice
Bauman, puede volverse adictiva: “Las medidas de seguridad nunca son
suficientes, Una vez que se da inicio al trazado y la fortificación de
las fronteras, ya no hay manera de detenerse. El principal beneficiario
es el miedo: prospera hasta la exuberancia alimentándose de nuestro
empeño en demarcar fronteras para defenderlas con armas”.
Cambiar las reglas
Las
recientes crisis financieras en Europa y los Estados Unidos han vuelto
a colocar en primer plano el problema de la exclusión social: nuevos
estratos sociales se están incorporando permanentemente al conjunto de
los desplazados, dándole visibilidad a un problema que ciertamente ya
afectaba a grandes sectores de la población. La pobreza, la inseguridad y
la marginalidad, parecen ser una vez más un problema de todos en los
países centrales.
En “La salida de la crisis”, una de las 44 cartas desde el mundo líquido
que Bauman publicó quincenalmente entre 2008 y 2009 en la revista La
Repubblica delle Donne, aparece la cuestión de las consecuencias
socio-culturales del derrumbe económico: “No sólo han sufrido un duro
embate el sistema bancario y los índices del mercado de valores, sino
que nuestra confianza en las estrategias vitales, los modos de conducta,
y hasta los estándares de éxito y el ideal de felicidad que, según se
nos repetía constantemente en los últimos años, valía la pena
perseguir, se han trastocado como si, de pronto, hubieran perdido una
parte considerable de autoridad y atracción. Nuestros ídolos, las
versiones modernas líquidas de las bestias sagradas bíblicas, se han
ido a pique junto con la confianza en nuestra economía”.
Se
plantea así entonces por primera vez en mucho tiempo la posibilidad de
un nuevo inicio, de una revisión completa del sistema
económico-cultural sobre el que se sostienen los países europeos. “Al
contrario de lo que se afirma con respecto a las ‘medidas de
emergencia’ prodigadas por los gobiernos a los administradores
bancarios (pensando, principalmente, en los telespectadores) –continúa
Bauman–, no hay remedios instantáneos para las dolencias prolongadas, y
posiblemente crónicas”.
Si el problema de fondo que permitió
que se llegase a situaciones terminales de desigualdad social, los
“daños colaterales” que millones de personas viven diariamente, se
encuentra en la constitución misma del sistema, quizá sea entonces éste
el momento indicado para reformular algunas de sus reglas de juego.
Desigualdad e inseguridad son naturalizadas a nivel
mundial como “daños colaterales” del sistema. En dos nuevos libros,
Bauman analiza el fenómeno. Sus consecuencias, en una entrevista.
POR
Fernando Bruno
GUANTANAMO. Esta prisión irregular es parte del mundo forjado tras los atentados terroristas contra las Torres Gemelas el 11-S.
El término “daño colateral”, aplicado a estructuras edilicias,
individuos o comunidades enteras, se utilizó hasta el hartazgo en los
últimos años para describir las bajas materiales y víctimas “no
intencionales” o “imprevistas” de las operaciones militares y pasó a
formar parte de nuestro lenguaje cotidiano. El sociólogo polaco Zygmunt
Bauman se vale de esta categoría para realizar un complejo y profundo
análisis de la desigualdad en las sociedades contemporáneas. Su visión
es lúcida y pesimista; su interpretación de los hechos precisa y
contundente.
¿Cuál es la trampa mortal que Bauman reconoce en la
lógica del daño colateral? Sus consecuencias fatales, que se presentan
siempre como neutrales y azarosas, en realidad, forman parte de un
calculado engranaje de dominación, cuyas víctimas son la mayoría de las
veces las mismas: los pobres, los marginados, los indefensos. “En el
juego de los riesgos –indica–, los dados están cargados”: “Quienes
decidieron sobre las bondades del riesgo no eran los mismos que
sufrirían las consecuencias”.
El libro Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global
recopila una serie de conferencias pronunciadas por Bauman sobre el
tema durante 2010 y 2011. Los temas que abarca son llamativamente
diversos sin perder el hilo conductor: de la concepción griega del ágora
a los nuevos comportamientos asociados a la web 2.0 y las redes
sociales, pasando, entre otros, por la teología política de Carl
Schmitt, el tratamiento de la pobreza en la ópera Wozzeck
de Alban Berg, y el análisis de documentos clasificados sobre los
ataques nucleares en Hiroshima y Nagasaki. Bauman reconoce en ellos el
estigma de la desigualdad y lo estudia consecuentemente.
Nuestra
época, señala, adolece de una dificultad estructural, la radical
incompatibilidad entre el mundo global que habitamos y las políticas y
leyes de matriz nacional que nos rigen. “Todas las instituciones
políticas que tenemos hoy a nuestra disposición fueron hechas a medida
de la soberanía territorial, de los Estados nacionales: se resisten a
ser estiradas a escala supranacional o planetaria; y las instituciones
políticas que sirvan a la autoconstitución de la comunidad planetaria no
serán –no pueden ser– ‘las mismas, pero más grandes’”. La vieja
fórmula del Estado de Bienestar europeo, o el “Estado social” como
prefiere llamarlo Bauman, ya no satisface efectivamente las necesidades
de sus habitantes. En la actualidad, la tarea de otorgar condiciones
de vida dignas queda librada a cada individuo particular, a su
capacidad de posicionarse satisfactoriamente en el juego impuesto por
las leyes de mercado y de defenderse frente a la siempre presente
posibilidad de perderlo todo; “El miedo que la democracia y su retoño,
el Estado social, prometieron erradicar, ha retornado para vengarse”.
El
mundo se ha vuelto multicultural y, no obstante, el par, el vecino, y
mucho más el extranjero o el desconocido, se han vuelto un enemigo. La
promoción de la libre circulación de capital choca violentamente con
las fuertes restricciones a la circulación de personas en busca de
trabajo; en ese enfrentamiento encuentran su fundamento las recientes
políticas globales de seguridad, fallido intento de creación de un
nuevo orden. Bauman las analiza a partir de dos perspectivas puntuales:
por un lado, la de los pasajeros de avión, que diariamente asienten
que oficiales de migraciones desarmen sus equipajes y escudriñen sus
pertenencias personales, que perros los olfateen, que se someten a todo
tipo de situaciones que en otras circunstancias les parecerían
denigrantes y que, sin embargo, lo hacen sin protestar, “agradeciendo a
las autoridades” por ocuparse de su seguridad. Por el otro, la de la
apatía más o menos generalizada con la que se recibió la información de
la existencia de una enorme cantidad de prisioneros que sin un juicio
justo cumplen indefinidas condenas en prisiones irregulares como las de
Guantánamo y Abu Ghraib.
En ambos casos, se trata de
situaciones inéditas de vejación personal (pequeñas en un caso,
realmente horrorosas en el otro) que saltan a la vista rápidamente al
momento de reflexionar sobre el problema de la seguridad en el mundo
post 11-S. Lo que estos dos ejemplos, que son más o menos excepcionales
si consideramos a la totalidad de la población del mundo, no llegan a
mostrar, y este es tal vez el punto más relevante de las tesis de
Bauman, es el modo en que la desigualdad y la inseguridad vital se
extienden ininterrumpidamente en todo el globo. Según esta lectura, la
publicidad de una multiplicidad de amenazas, “ya se originen en
pandemias y dietas o estilos de vida insalubres, o bien en actividades
delictivas y comportamientos antisociales de la ‘clase marginal’ o, en
los últimos años, del terrorismo global”, es el mecanismo reactivo que
opera en una sociedad cuyo principal drama es la imposibilidad de
resolver la inseguridad y las vulnerabilidades económicas que le son
estructurales y contra las que los Estados hacen en general muy poco.
A
este estado de cosas se le suma el problema de la “multiculturalidad”,
una etiqueta amable que oculta una realidad poco amistosa. Sobre ella
escribió en Comunidad: “Aparentemente el
multiculturalismo está guiado por el postulado de la tolerancia liberal
y por la atención al derecho de las comunidades a la autoafirmación y
al reconocimiento público de sus identidades elegidas (o heredadas).
Sin embargo, actúa como una fuerza esencialmente conservadora: su
efecto es una refundición de desigualdades”.Y luego agregó: “Lo que se
ha perdido de vista a lo largo del proceso es que la demanda de
reconocimiento es impotente a no ser que la sostenga la praxis de la
redistribución, y que la afirmación comunal de la distintividad
cultural aporta poco consuelo a aquellos cuyas elecciones toman otros,
por cortesía de la división crecientemente desigual de recursos”.
Guetos voluntarios
La
configuración material de las ciudades no es ajena a este fenómeno.
Históricamente, los centros urbanos fueron espacios de convivencia de lo
heterogéneo, incluso resistentes a los esfuerzos unificadores
coercitivos característicos de los Estados nacionales, en los que
personas provenientes de lugares con diferentes costumbres crecían en
contacto con otras pautas culturales. La globalización, en este sentido,
no es un fenómeno reciente; basta considerar la situación de nuestro
país a comienzos del siglo XX, un extraordinario laboratorio de
hibridaciones desarrollándose a la vista del mundo. En las últimas
décadas, sin embargo, las ciudades, que todavía son polos de atracción
en las que se reúnen personas de múltiples proveniencias, han ido
modificando progresivamente su fisonomía, de modo que ese contacto con
lo extraño se parece hoy más a una gran excursión turística que a una
experiencia vital relevante. Bauman ve las profundas dificultades e
incertidumbres sobre las que se sostiene en la actualidad esta
situación; sintéticamente, enuncia el problema de la siguiente manera:
“Si bien en su origen fueron construidas para brindar seguridad a todos
sus habitantes, hoy las ciudades se asocian más al peligro que a la
seguridad”.
Las transformaciones urbanas ocurridas en los
últimos años, así como los nuevos comportamientos que las acompañan,
fueron copiosamente estudiados por investigadores locales y
extranjeros, notoriamente en el caso argentino en los libros Los que ganaron. La vida en los countries y La brecha urbana. Countries y Barrios privados en Argentina de Maristella Svampa, Buenos Aires a la deriva, editado por Max Welch Guerra y Miradas sobre Buenos Aires,
de Adrián Gorelik. Casos como el de los barrios cerrados han ocupado
importantes segmentos de los medios masivos de comunicación, desde las
secciones de espectáculo hasta las policiales, constituyéndose
paradójicamente en un objeto un tanto agotado desde el plano discursivo
pero completamente vigente en sus consecuencias negativas para la vida
urbana.
Bauman encuentra un recurso interesante para seguir
iluminando el problema de estos “guetos voluntarios” en la comparación
de los comportamientos reales con los virtuales. Estamos, como todos
sabemos y experimentamos diariamente, en los tiempos del imperio de las
redes sociales: gran parte de nuestros intercambios con el resto de las
personas se realiza a través de las plataformas virtuales; incluso el
correo electrónico, el medio que más se asemeja a los utilizados en la
comunicación tradicional por su similitud con el formato epistolar,
está perdiendo el rol central que cumplía hace algunos años. Sin caer
en la crítica simplista de esta realidad, Bauman realiza un comentario
perspicaz: “Vivimos en la época de los teléfonos celulares (por no
mencionar MySpace, Facebook y Twitter): los amigos pueden intercambiarse
mensajes en lugar de visitas; toda la gente que conocemos está
constantemente ‘en línea’ y en condiciones de informarnos por adelantado
sobre sus intenciones de darse una vuelta por casa, de modo que un
súbito golpe en la puerta o un timbrazo que suena sin previo aviso son
eventos extraordinarios, es decir, potenciales peligros”.
Obtenemos
así un monstruo de dos cabezas que combina el confinamiento a nivel
territorial y urbano con la expansión de la exposición de la privacidad
en el ámbito virtual. Esta referencia de extrema actualidad permite
repensar el problema de la seguridad, incorporando nuevos matices. La
conclusión, sin embargo, es la misma: el miedo, la razón primera por la
que optamos por “comunidades cerradas”, sigue ahí; construimos barrios
privados, enrejamos nuestras casas, nos encerramos en mundos virtuales,
y, no obstante, el miedo no se disipa. La necesidad de seguridad, dice
Bauman, puede volverse adictiva: “Las medidas de seguridad nunca son
suficientes, Una vez que se da inicio al trazado y la fortificación de
las fronteras, ya no hay manera de detenerse. El principal beneficiario
es el miedo: prospera hasta la exuberancia alimentándose de nuestro
empeño en demarcar fronteras para defenderlas con armas”.
Cambiar las reglas
Las
recientes crisis financieras en Europa y los Estados Unidos han vuelto
a colocar en primer plano el problema de la exclusión social: nuevos
estratos sociales se están incorporando permanentemente al conjunto de
los desplazados, dándole visibilidad a un problema que ciertamente ya
afectaba a grandes sectores de la población. La pobreza, la inseguridad y
la marginalidad, parecen ser una vez más un problema de todos en los
países centrales.
En “La salida de la crisis”, una de las 44 cartas desde el mundo líquido
que Bauman publicó quincenalmente entre 2008 y 2009 en la revista La
Repubblica delle Donne, aparece la cuestión de las consecuencias
socio-culturales del derrumbe económico: “No sólo han sufrido un duro
embate el sistema bancario y los índices del mercado de valores, sino
que nuestra confianza en las estrategias vitales, los modos de conducta,
y hasta los estándares de éxito y el ideal de felicidad que, según se
nos repetía constantemente en los últimos años, valía la pena
perseguir, se han trastocado como si, de pronto, hubieran perdido una
parte considerable de autoridad y atracción. Nuestros ídolos, las
versiones modernas líquidas de las bestias sagradas bíblicas, se han
ido a pique junto con la confianza en nuestra economía”.
Se
plantea así entonces por primera vez en mucho tiempo la posibilidad de
un nuevo inicio, de una revisión completa del sistema
económico-cultural sobre el que se sostienen los países europeos. “Al
contrario de lo que se afirma con respecto a las ‘medidas de
emergencia’ prodigadas por los gobiernos a los administradores
bancarios (pensando, principalmente, en los telespectadores) –continúa
Bauman–, no hay remedios instantáneos para las dolencias prolongadas, y
posiblemente crónicas”.
Si el problema de fondo que permitió
que se llegase a situaciones terminales de desigualdad social, los
“daños colaterales” que millones de personas viven diariamente, se
encuentra en la constitución misma del sistema, quizá sea entonces éste
el momento indicado para reformular algunas de sus reglas de juego.
Zygmunt Bauman: "Hoy nuestra única certeza es la incertidumbre"
Su pensamiento y su obra han sido analizados en una
docena de libros. Hijo de una familia judía humilde, ex marxista polaco
huido del estalinismo, se refugió en la universidad británica
-Universidad de Leeds- y se convirtió en un superventas filosófico.
Tirando del hilo de su concepto de modernidad líquida, que define los
rasgos característicos de nuestra época, ha escrito sobre la vida
líquida, el amor líquido, los miedos líquidos.
ZYGMUNT BAUMAN: "Estamos asustados por la fragilidad y la vacilación de nuestra situación social."
Cuál es su descubrimiento más reciente? Con un pie en la tumba intento hacer balance, y mi constatación es que acabaré donde empecé.
¿Buscando una sociedad perfecta? Sí, hospitalaria para los seres humanos.
¿Qué ha aprendido en el trayecto? He
vivido bajo diferentes regímenes, ideologías, modas..., y lo que me
resulta más sorprendente es que hay dos valores sin los cuales la vida
humana sería impensable: la seguridad y la libertad.
Reconciliarlos es imposible, dice usted. Cuanta
más libertad tengamos menos seguridad, y cuanta más seguridad menos
libertad. En la sociedad, la conquista de libertades nos lleva a una
gran cantidad de riesgos e incertidumbres, y a desear la seguridad.
Y entonces nos sentimos ahogados. Sí,
conseguimos que no nos atraquen por la calle, que si caemos enfermos
nos atiendan, pero nos volvemos dependientes, subordinados, y eso nos
hace sufrir. Así que volvemos a evolucionar a una mayor libertad.
¿En qué punto estamos hoy? Estamos
asustados por la fragilidad y la vacilación de nuestra situación
social, vivimos en la incertidumbre y en la desconfianza en nuestros
políticos e instituciones. Estudiar una carrera ya no se corresponde con
adquirir unas habilidades que serán apreciadas por la sociedad, no es
un esfuerzo que se traduzca en frutos. Toda esta precariedad se expresa
en problemas de identidad, como quién soy yo, qué pasará con mi futuro.
Y así llegamos a sus fluidos: sociedad líquida, amor líquido, miedo líquido... Sí,
la modernidad líquida, en la que todo es inestable: el trabajo, el
amor, la política, la amistad; los vínculos humanos provisionales, y el
único largo plazo es uno mismo.
Todo lo demás es corto plazo. No
se da el tiempo para que ninguna idea o pacto solidifique. Este enfoque
ya forma parte de la filosofía de vida: hagamos lo que hagamos es de
momento, por ahora.
Nada dura para siempre, ni siquiera el futuro. Hoy nadie construye catedrales góticas, vivimos más bien en tiendas y moteles.
¿Y por qué lo considera un problema? Objetos
y personas son bienes de consumo, y como tales pierden su utilidad una
vez usados. La vida líquida conlleva una autocrítica y autocensura
constantes; se alimenta de la insatisfacción del yo consigo mismo.
Nos hemos quedado sin utopías. La
felicidad ha pasado de aspiración para todo el genero humano a deseo
individual. Se trata de una búsqueda impulsada por la insatisfacción en
la que el exceso de los bienes de consumo nunca será suficiente.
Y llegamos al consumidor consumido. Hemos
trasplantado unos patrones de comportamiento creados para servir a las
relaciones entre cliente y producto, a otros órdenes del mundo. Tratamos
al mundo como si fuera un contenedor lleno de juguetes con los que
jugar a voluntad. Cuando nos aburrimos de ellos, los tiramos y
sustituimos por algo nuevo, y así ocurre con los juguetes inanimados y
con los animados.
Es decir, otros seres humanos. Sí,
hoy una pareja dura lo que dura la gratificación. Es lo mismo que
cuando uno se compra un teléfono móvil: no juras fidelidad a ese
producto, si llega una versión mejor al mercado, con más trastos, tiras
lo viejo y te compras lo nuevo.
¿Qué efectos tiene en el ser humano? Una
actitud racional para con un objeto es una actitud muy cruel para con
otros seres humanos. El consumismo es una catástrofe que afecta a la
calidad de nuestras vidas y de nuestra convivencia. Creemos que para
todos los problemas siempre hay una solución esperando en la tienda, que
todos los problemas se pueden resolver comprando, y esto induce a
error, nos debilita.
¿Por qué nos debilita? Porque nos priva de nuestras habilidades sociales, en las que ya no creemos.
¿Cómo construirse a uno mismo, hallar la felicidad en este mundo líquido? Hay
dos factores que cooperan para modelar el camino de la vida humana, uno
es el destino, algo que no podemos cambiar, pero el otro elemento es el
carácter.
Ese sí lo podemos moldear. El
destino dibuja el conjunto de opciones que tienes disponible, siempre
hay más de una opción. Luego el carácter es el que te hace escoger entre
esas opciones. Así que hay un elemento de determinación y otro de
libertad.
¿Hay que resistirse para ser libre? Viviendo
en una sociedad de consumidores, resistirse a ser un consumidor es una
opción posible pero muy difícil. Por lo tanto, la probabilidad de que la
mayoría de las personas decida resistirse al consumismo es una
probabilidad muy lejana, aunque todas las mayorías empezaron siendo
minorías.
¿Alguna solución individual? Uno
no sólo puede, sino que debe vivir su propia vida y el modelo de vida
que le encaje, consciente de las consecuencias y costes que acarrea. Y
el problema de mejorar la sociedad, y esta es la respuesta a todas las
preguntas futuras que me pueda hacer usted.
¿...? Se
resume en hacer que la sociedad sea más benevolente, menos hostil, más
hospitalaria a las opciones más humanas. Una buena sociedad sería la que
hace que las decisiones correctas sean las más fáciles de tomar.
Una no nace, sino que se convierte en mujer. Con esta
idea Simone de Beauvoir inauguró la forma moderna de comprender la
problemática femenina y se convirtió en la feminista más relevante del
siglo XX. La empresa radical y ambiciosa de El segundo sexo fue
mostrar que las características humanas consideradas femeninas son
adquiridas por las mujeres en vez de derivarse "naturalmente" de su
biología.
La obra de la escritora francesa sigue viva en el centenario de su nacimiento
De Beauvoir sostuvo que el significado cultural se monta sobre el
dato biológico o sea, que lo determinante en la construcción de la
feminidad es el conjunto de procesos culturales y psicológicos que
marcan con determinadas atribuciones y prescripciones a las personas con
sexo de mujer. Al tomarse a ella misma como referencia explicativa le
dio a su argumento un etnocentrismo cuestionable desde una perspectiva
antropológica, pero también le otorgó la inspiración que conmueve a sus
lectoras. La fuerza de El segundo sexo radicó en su capacidad
para responder a las inquietudes femeninas del momento y la consagró
como la pionera de ese campo de investigación llamado estudios de
género.
El segundo sexo se publicó por primera vez en 1949 y
a principios de los setenta se convirtió en una pieza fundamental del
nuevo pensamiento feminista. Las teóricas de distintas tendencias (Betty
Friedan, Kate Millet, Shulamith Firestone, Juliet Mitchell, Germaine
Greer y muchas más) le dedicaron sus trabajos, la visitaron en París, la
entrevistaron. También en Francia las jóvenes feministas se le
acercaron, pidiéndole apoyo para la causa. Simone de Beauvoir se
comprometió en la lucha por la legalización del aborto, estableció una
sección feminista en Les Temps Modernes y colaboró en la publicación de la revista Questions Feministes.
Poco después, varias investigaciones biográficas exhibirían implacables
las vulnerabilidades y mezquindades de esta celebridad e iniciarían la
desmitificación de su figura. Así, detrás de su semblante impasible se
vio a una mujer egoísta, débil y ambiciosa que se sometía a Sartre al
mismo tiempo que seducía a varias de sus discípulas. ¡Ay los mitos y la
condición humana! Pese a lo trágico de su impostura personal, quedan su
obra y su compromiso político.
Hoy, a la distancia, parecería que las agresiones que recibió De Beauvoir por la publicación de El segundo sexo
tenían más que ver con un gran resentimiento por el modelo atípico de
mujer y de relación de pareja que ella ejemplificaba que con las
reflexiones atrevidas que sostenía. Si bien ella había dicho que
escribió esa obra para responderse qué le había significado ser mujer,
su persona en sí representaba un inusitado ejercicio de liberación
femenina que provocaba y hería.
Su vida y su obra continúan
despertando debates apasionados pues ambas plantean cuestiones
esenciales a la eterna interrogante sobre la condición femenina.
Entrevistada por Margaret A. Simons en septiembre de 1985, De Beauvoir
responde a una serie de preguntas sobre su vida, su feminismo y la
opresión de las mujeres. Cuando Simons le dice: "¿Y la forma de eliminar
la opresión es...?", ella responde tajante: "Ser independiente.
Trabajar". Ella lo hace escribiendo.
Poco después Sartre indaga:
"¿Cómo se siente en la vida una mujer de letras?" Ella exclama "¡Una
mujer de letras es una expresión rara!", y más adelante dice: "No pienso
que haya diferencia entre vivir la vida como escritor o como escritora.
Pero se está lejos de admitir que una escritora es ante todo una mujer
que ha consagrado su vida a la escritura y que no ha tenido lugar para
otras ocupaciones llamadas femeninas. Por ejemplo, se me ha reprochado
mucho el no haber tenido hijos, mientras que nadie se lo ha reprochado a
usted, aunque sea tan normal para un hombre como para una mujer tener
hijos y se los pueda querer tanto siendo padre como madre. Pero el
reproche ha caído sobre mí porque se piensa que una escritora es, ante
todo, una mujer que se distrae escribiendo, lo que no es cierto, porque
es el conjunto de una vida que está estructurada por y sobre la
escritura y, por tanto, aquello implica montones de renuncias, montones
de elecciones también, y éste ha sido mi caso. He vivido verdaderamente
en la medida en que quería escribir".
Tal vez lo verdaderamente
impresionante de Simone de Beauvoir es que se trata de una mujer que
tempranamente tomó conciencia de su deseo, y aunque éste iba en contra
de las tradiciones y de la lógica cultural de la sociedad que le tocó
vivir, tuvo la voluntad y la fuerza para convertirlo en realidad. Por
eso su importancia no sólo radica en lo que escribió, lectura obligada
para quienes desean pensar sobre las mujeres, sino también en su vida,
pues, con todo y sus contradicciones, ésta es el testimonio de una mujer
que se rebeló contra el status quo planteando su realización
personal a través del trabajo. A cien años del nacimiento de Simone de
Beauvoir, todavía muchas mujeres estamos librando esa batalla.
Marta Lamas es antropóloga mexicana y directora de la revista Debate Feminista.
Trabajó como peluquera, cursó el
secundario de adulta y se doctoró enla UBA. Hoy, la docente e
investigadora habla de sus libros y de los obstáculos que sorteó con
esfuerzo y pasión
Esther
Díaz, doctora por la Universidad de Buenos Aires, donde dicta
seminarios de posgrado, ha dedicado su vida a la filosofía.
Investigadora y directora de una maestría en la Universidad Nacional de
Lanús, es autora de una veintena de libros que han tenido varias
reediciones. La admiración por la brillante carrera que ha desarrollado
se agiganta además cuando se tienen en cuenta los obstáculos que tuvo
que atravesar para construirla. De su vida, de la filosofía y de su
último libro, Las grietas del control, conversó con adncultura.
-Sus textos tienen una característica muy particular.
Si bien están cargados con conceptos filosóficos, resultan muy
accesibles para un lector no especializado. Esto, evidentemente, es
deliberado.
-Es un modo de devolver parte de lo que la Universidad me
ha dado, ayudar a que otros puedan acceder a categorías que les
permitan pensar su realidad. Yo nací en un hogar de padres iletrados. Mi
papá era diariero; mi mamá, ama de casa. Soy la segunda de tres hijas
en una familia muy tradicional. La consigna para nosotras era llegar a
ser buenas esposas, buenas madres, buenas abuelas. Cuando terminé la
primaria, quise ir al secundario y no me dejaron, porque "las mujeres
que estudian se echan a perder", decía mi padre. No me quedó otra que
seguir el mandato.
-Pero en algún momento eso se rompió.
-Me casé a los veinte años. Estuve casada por poco
tiempo, tuve dos hijos enseguida: un hijo y una hija. A esa altura, me
ganaba la vida como peluquera. A los veintiséis años, ya separada y con
mis dos hijos chiquitos, decidí hacer el secundario. Mi desafío pasó a
ser entrar antes de los treinta años en la Facultad.
-En esa situación, ¿no resultaba más apropiado optar
por una carrera con una perspectiva laboral más segura? ¿Por qué se
inclinó por la filosofía?
-Eso lo tenía claro desde chiquita. Cuando tenía doce o
trece años, en la casa de una tía mía encontré una enciclopedia.
Curioseando, di con una imagen que decía "Sócrates bebiendo la cicuta". Y
en el artículo contaba que Sócrates había sido condenado injustamente, y
que los últimos momentos de su vida los había dedicado a hablar de
aquello que más amaba: la filosofía. A mí eso me quedó grabado. Yo no
sabía qué era la filosofía pero recuerdo que pensé: "Si alguien es capaz
de olvidarse de la muerte por algo que quiere disfrutar hasta el último
momento, porque lo ama, eso tenía que ser algo realmente valioso". Y ya
en aquel momento dije: "Yo quiero eso para mí".
-Hablemos de su último libro, Las grietas del
control. Quizá sea, de sus textos, aquel en el que el encuentro entre
filosofía y vida cotidiana se da de un modo más eficaz.
-Tal vez en mis libros anteriores todavía estaba muy
atada a los conceptos europeos heredados. Yo tenía una teoría y la
quería hacer encajar con la realidad de Buenos Aires. Creo que ahora
pasó al revés. Podríamos decir que hay dos movimientos: uno que podemos
encontrar en Hegel, que es el que va de los conceptos a la historia, y
otro que podríamos encontrar en los neonietzscheanos, que va de las
prácticas concretas a los conceptos. Mis libros anteriores estaban más
cerca del movimiento hegeliano; mientras que este último me salió -no lo
busqué deliberadamente- más nietzscheano.
-También en su libro de ficción, El himen como
obstáculo epistemológico, había un intento semejante, aunque no fue
debidamente apreciado por la crítica.
-Creo que muchos se quedaron en la anécdota, en el objeto
curioso: una filósofa, con trayectoria académica, que escribe un libro
erótico. Pero no llegaron a ver las cuestiones filosóficas que aparecían
allí. Se lo discutió desde el punto de vista literario, pero no desde
el filosófico. Aunque es cierto que ahí lo conceptual había que
buscarlo. En cambio, en este libro sale solo.
-En Las grietas... el primer capítulo está dedicado a
la "analogía divergente" entre los countries y las villas. ¿Cómo surgió
esa idea?
-Estaba leyendo un libro acerca de la gente que vive en
los countries. Y de pronto me pareció evidente que los habitantes de
esos lugares estaban tan encerrados como los de las villas. Entonces
comencé a buscar bibliografía sobre las villas. A eso se le sumó la
perspectiva de Foucault y Deleuze que, después de tantos años de
estudiarla, ya tengo incorporada.
-¿Cuáles fueron los principales hallazgos de esa investigación?
-Lo que vi fue que el diagrama formal era el mismo. Los
countries al principio se construyeron por una necesidad de disfrutar
del verde, de la naturaleza. Eran, sobre todo, lugares de fin de semana.
Pero, al agudizarse los problemas de inseguridad, se produjo un vuelco y
se transformaron en lugares de reclusión. Es asombroso ver las
coincidencias con las villas. En ambos casos, hay una enorme
desconfianza ante el que viene de afuera. Lo primero que se hace es
construir una frontera. A tal punto que para ingresar, tanto en un
"barrio privado" como en una villa, hay que ser presentado por alguien
de adentro, hay que atravesar un peaje. El "otro" es mantenido a
distancia; sólo lo ven por televisión. Aunque hay una paradoja sumamente
interesante: cuando sucede un hecho delictivo en un country, la primera
sospecha recae sobre el personal de seguridad. Es decir, se contrata
vigilantes, pero no se sabe quién vigila a los que vigilan...
-Esto lo explica usted en el libro apelando a la categoría de "inmunidad" del filósofo italiano Roberto Esposito.
-Exacto. Yo lo tomo de Esposito, que es quien desarrolló
el concepto con mayor detalle, aunque, en realidad, él lo sacó de
Foucault. Se trata de algo sencillo: el "próximo", aquel en quien se
necesita confiar, es el mismo que puede producir el daño. Es lo que
sucede con las vacunas: lo mismo que salva es lo que puede producir la
enfermedad. Pasa también en los casos de violencia de género: la gran
mayoría de las veces el violento es alguien del entorno más próximo.
-El aislamiento se ve como un medio para escapar al delito. Pero, al mismo tiempo, se generan nuevos peligros.
-Efectivamente. En esos lugares hay delitos menores, que
muchas veces son cometidos por los propios chicos de esos barrios
cerrados, por puro aburrimiento: hechos de vandalismo, pequeños robos,
deterioro de las instalaciones. Pero también hay delitos mayores,
perpetrados por los "habitantes vip", que son silenciados por cuestiones
de poder y económicas. Un delito importante devalúa el country, ya que
muestra que no cumple con aquello para lo cual fue construido. Porque
muestra, o bien que el country es vulnerable al "afuera" (que estaría
representado por el personal de seguridad, las empleadas domésticas, los
obreros, que no pertenecen a la clase social de los habitantes, pero
que necesariamente conviven con ellos) o bien que el propio "adentro" no
es tan puro como se quería hacer creer.
-También en el capítulo "Cuerpos" la segregación se muestra como algo central en nuestra sociedad.
-Uno de los temas que trabajo ahí es el de la relación
entre tecnociencia y vejez. Me planteo qué sentido tiene seguir
desarrollando tecnología para vivir más años en una sociedad que siente
un enorme rechazo por los viejos. Los jóvenes que trabajan en los
laboratorios y que convocan al periodismo científico para exponer sus
innovaciones no quieren morir... ¡pero tampoco quieren llegar a viejos!
¿Cómo se resuelve esa contradicción? Hay una perversión en alargar la
vida y, al mismo tiempo, despreciar a los viejos. Pensemos: ¿adónde
puede ir a divertirse una persona mayor? ¿Adónde puede ir sin que le
digan "viejo verde" o le critiquen cómo se viste?
-Es el clásico problema de desfase entre un
desarrollo científico extraordinario, por un lado, y una evidente falta
de sentido, por otro.
-¡Pero es algo real! Vivimos en una sociedad de
paradojas. Y se trata de paradojas irresolubles. ¿Quién puede parar el
desarrollo tecnológico? Y, simultáneamente, asistimos a la ausencia de
fuentes de sentido. Cuanto mayor es el número de tecnócratas y mayor la
relevancia que se les otorga, menor sentido aparece. Creo que se ha
insistido mucho en el paradigma de la neutralidad de lo tecnocientífico
desde el punto de vista ético. Esa visión de la ciencia como
exclusivamente ligada al conocimiento. Su único sentido es la búsqueda
del conocimiento. Y en la formación de los "técnicos" hay cada vez menos
espacio para la reflexión humanística. Los alumnos sólo quieren tener
materias "útiles". Y los propios directores de las carreras o los
directores de tesis rechazan cualquier perspectiva ética. Sólo les
interesan los asuntos técnicos. Incluso los chicos actuales, desde muy
chiquitos, crecen imbuidos de la falta de sentido provocada por la
tecnociencia. Por eso es importante explorar el trabajo en filosofía con
niños. Ayudarlos a darles sentido a los textos, a las situaciones, a la
vida. Eso es micropolítica.
-Otro de los conceptos clave de su trabajo, que encontramos en el título del libro, es el tema del control.
-Quizás habría que partir de la distinción entre
vigilancia y control. La vigilancia corresponde a lo que Foucault llama
"sociedad disciplinaria". Se lleva a cabo en espacios cerrados y tiene
dimensiones humanas. Hay una persona que está observando directamente,
con sus ojos, sin la mediación de ningún aparato. Deleuze, en cambio,
sostiene que en las actuales "sociedades de control", todo sucede a
"cielo abierto". Uno va por la ruta y lo están filmando; camina por una
vereda y las luces se van encendiendo a medida que uno pasa. Se puede
ubicar a una persona por los celulares que tiene encima. Mientras que
las sociedades disciplinarias operaban como una especie de molde al que
la gente tenía que adaptarse, ahora el control se adapta a uno. Va
modulando al individuo.
-Hay otra diferencia fundamental: en los espacios
disciplinarios (como la fábrica, el hospital, la escuela), el individuo
quería salir; en la actualidad, en cambio, lo que ansía es ingresar al
control. La instalación de cámaras privadas crece progresivamente, al
igual que el reclamo por la presencia de cámaras en la vía pública.
Parece haber más confianza en la supuesta seguridad que brindan que en
la privacidad que puedan violar.
-Es que no se advierte que el exceso de control lleva,
necesariamente, al descontrol. Si uno le hubiera preguntado a alguien,
hasta el año pasado, cuál es la cultura más ordenada, la más prolija, la
más previsora, la que corre menos riesgos de sufrir un accidente
tecnológico, creo que todo el mundo hubiera dicho: la japonesa. Sin
embargo, hace unos meses vimos el desastre que se produjo en las
centrales atómicas, con consecuencias que todavía desconocemos, cuando
aconteció el tsunami. Construyeron centrales atómicas sobre
tembladerales. Hay que buscar la delgada línea que separa el control
coaccionante del "cuidante".
-Al comienzo de la entrevista, hablábamos de la
ruptura del mandato social y familiar, y del esfuerzo que usted tuvo que
hacer para alcanzar el lugar actual. ¿Se siente reconocida como
filósofa?
-En el ámbito académico tengo demasiados adversarios,
gente que se especializa en poner palos en las ruedas. Aunque a esta
altura, con todas las cosas que he logrado, muchos no tienen más remedio
que reconocerme. Sí me siento enormemente reconocida por los alumnos y
por los lectores de mis libros. Cada vez que se da un encuentro, la
presentación de algún libro o alguna Jornada, se acerca gente que tiene
algo elogioso que decirme, y que me doy cuenta de que es auténtico,
porque lo hacen sin tener ninguna necesidad, sin que ese elogio les
sirva de algo. Es simplemente gratitud. Y eso es impagable.
-¿Y en lo personal? ¿Cómo se siente cuando mira hacia atrás?
-Yo te puedo decir que me siento mucho más feliz ahora,
con mis setenta años, que cuando era adolescente. Porque en ese momento
tenía la angustia de no poder estudiar y de no saber si iba a tener un
futuro diferente del que mi propia clase y la tradición familiar me
marcaban. Estoy plenamente satisfecha con mi carrera; vivo para ella. He
dejado a un lado muchas cosas para estar donde estoy. Vivo sola; mis
sábados y domingos están dedicados a la filosofía. Por supuesto que hago
otras cosas: voy al cine, escucho música. Pero no tengo una vida al
margen de la filosofía. Mi modo de vida es la filosofía..
LA TENSION ENTRE TECNOLOGIA Y CIENCIA, SEGUN EL FILOSOFO ANDREW FEENBERG
“La ciencia es un bien público, le pertenece a cualquiera”
Discípulo de Herbert Marcuse y doctor en Filosofía,
el canadiense Andrew Feenberg viene desarrollando una teoría crítica de
la tecnología y su relación con la ciencia y la democracia. Aquí esboza
los conceptos centrales de sus postulados: quién debe decidir sobre
ciencia y sobre tecnología, a quién le deben servir, cuál es el papel de
los gobiernos.
Por Verónica Engler
–Los
estudios históricos muestran que, hasta no hace mucho, pocas
tecnologías surgieron como aplicaciones de la ciencia. Aunque es verdad
que en el siglo XX se incrementaron de manera exponencial las
aplicaciones prácticas del conocimiento científico. ¿Qué implicancias
tiene el hecho de que la ciencia sea vista fundamentalmente en su
carácter productivo, como viene sucediendo en las últimas décadas?
–Creo que la gente está en lo correcto cuando observa esa
característica. Porque la ciencia puede ser útil para muchas cosas, pero
no se puede saber cuáles de los resultados científicos pueden ser
útiles en el futuro. Por eso es importante seguir diferentes tipos de
investigaciones. Por supuesto que cuando hay muchas alternativas para
aplicar la ciencia, se necesita hacer elecciones inteligentes acerca de
qué hacer con el conocimiento científico. Por ejemplo, en lugar de
utilizar la ingeniería genética para producir alimentos modificados
genéticamente, se puede usar para fabricar medicinas. Y me parece que es
importante decir esto, porque la gente muchas veces piensa que
cualquier cosa que la ciencia haga posible es progreso. Pero no siempre
es así. En todo esto hay dos cuestiones, una que tiene que ver con la
investigación básica y la otra con la aplicada. La investigación básica
no tiene ninguna conexión con aplicaciones prácticas, algo que se puede
ver especialmente en campos como la física. Es maravilloso poder
averiguar acerca de los diferentes tipos de hadrones y mesones y todo
eso, pero nadie sabe qué hacer con esa información. Otra cuestión es la
determinación de los patrones de investigación y la elección de los
problemas que suelen darse en el centro del sistema científico mundial,
en Norteamérica, Europa y Japón, y luego el de la investigación hecha en
la periferia, en los países pobres, como Argentina. ¿Toda la ciencia
hecha en Argentina debe estar determinada por las mejores ideas de
Cambridge o Tokio? Probablemente no. Puede ser que haya problemas aquí
que tal vez no interesen en Cambridge o Tokio. Tal vez los científicos
deben tener diferentes agendas. Probablemente en países que tienen
agencias de investigación pequeñas y necesidades grandes el énfasis
debería estar más en la investigación aplicada. Hay que debatir todas
estas cuestiones.
–Los teóricos posmodernos y muchos investigadores en
Estudios de la Ciencia y la Tecnología no consideran que sea importante
realizar una distinción entre ciencia y tecnología. Sin embargo, usted
suele plantear la importancia de establecer esta diferencia. ¿Cuál es el
límite entre uno y otro campo? ¿Por qué le parece importante
distinguirlos?
–Es una pregunta difícil. Pero déjeme dar un ejemplo de Sudáfrica.
(Peter) Duesberg, un biólogo (de la Universidad de California) de
Berkeley, en sus trabajos plantea que el VIH no es el causante del sida.
Pero casi ningún biólogo coincide con él. Prácticamente todo el mundo
piensa que el VIH es la causa del sida. El presidente de Sudáfrica Jacob
Zuma está de acuerdo con el trabajo de Duesberg y descarta el
pensamiento de la comunidad de biólogos. Como resultado de esto, cerca
de la cuarta parte de la población de Sudáfrica está ahora infectada con
VIH. Los políticos no son quienes deben decidir qué es verdad. Pero
esto no quiere decir que los científicos estén siempre en lo correcto,
también se equivocan. Pero hay que escucharlos, porque ellos tienen
habilidades que los políticos no poseen. Tal vez el señor Duesberg
podría haberme convencido a mí y yo puedo llegar a estar de acuerdo con
él en que el VIH no causa el sida. Pero no aconsejaría al gobierno que
actúe en base a esas ideas, aunque yo piense que son correctas, porque
la gran mayoría de la comunidad científica ha llegado a una conclusión
diferente. Esto significa que en el caso del conocimiento científico son
los científicos quienes toman la decisión final acerca de qué es verdad
y qué es falso. Pero en el caso de la tecnología no es así, es normal
que decidan los gobernantes, por ejemplo, qué tipo de químicos deben ir
en los freezers más modernos, o qué tipo de drogas deben estar
disponibles, de manera legal o ilegal. Los gobernantes tienen este poder
y lo ejercitan, porque siempre hay varias alternativas para hacer algo
con la tecnología. Entonces, ¿por qué es tan importante entender esta
distinción (entre ciencia y tecnología)? Porque si se anuncia una
estrategia en la cual la ciencia estaría hecha por políticos, esto sería
rechazado, y no habría una alianza científica posible. Pero si se dice
que se quiere controlar a las corporaciones y se les dice qué hacer,
ellos pueden objetar, pero están acostumbrados a estar regulados por los
gobiernos. Entonces, mi conclusión es que se necesitan dos estrategias
diferentes para la ciencia y para la tecnología. Y creo que es muy
importante entender esto para los movimientos que en los últimos años
estuvieron interviniendo en las políticas de ciencia y tecnología. Así,
pueden conseguir ellos mismos aliados en la comunidad científica para
que los ayuden a entender los problemas que enfrentan, como los temas
ambientales o los relacionados con medicamentos.
–¿Qué relación encuentra hoy entre el trabajo académico y los negocios, entre la verdad y la utilidad?
–Esta es una relación que se da bastante en el sistema universitario
de los países desarrollados. Tal vez no esté tan avanzado en la
Argentina como en los Estados Unidos o Europa. Creo que este tipo de
relación no es buena, porque significa que, por ejemplo, existe mucho
menos énfasis en ciencias sociales, y la ciencia nacional se ha
convertido en buena medida en un agente de negocios. Los gobiernos
gastan cada vez menos dinero de sus ingresos en dar soporte a las
universidades, y eso fuerza a las universidades a buscar fondos de las
empresas. De esta manera, siempre hay conflictos de interés potenciales
que se ven cuando los escándalos salen a la luz, por ejemplo cuando las
compañías que fabrican drogas dicen que son seguras cuando en realidad
no lo son. Cuando Jonas Salk inventó la vacuna contra la poliomielitis,
le preguntaron si iba a patentarla, y él respondió: “¿Usted patentaría
el sol?” La ciencia es un bien público, como la luz del sol, le
pertenece a cualquiera. La idea de que puede ser propiedad privada es
algo que funciona en el sistema neoliberal. Pero creo que éste es un mal
camino, porque el financiamiento para la investigación científica debe
provenir del gobierno y los científicos no deben estar involucrados en
actividades comerciales acerca de sus propios descubrimientos. Los
empresarios tienen que hacer sus negocios, ellos no tienen que ser
responsables por la verdad como lo deben ser las universidades. Creo que
las universidades deben ser financiadas con impuestos que deben pagar
las empresas y no forzadas a depender de la ayuda de los negocios. Con
respecto a la otra parte de la pregunta, acerca de la relación entre
verdad y utilidad, me parece que siempre hay una fuerte relación, porque
una vez que se tiene una idea correcta acerca de algo, puede usársela
para hacer cosas útiles. Pero tienen diferentes objetivos sociales. La
verdad es algo que puede ser compartido, y cuando se comparte no se
tiene menos para uno mismo. Pero la mayoría de las cosas útiles, por lo
menos aquellas que son objetos materiales, tienen un costo y si se
entrega, no se la tiene más para uno mismo. Por eso suele haber una
competencia entre los propietarios de cosas materiales. La verdad debe
estar disponible en forma libre para cualquiera. Entonces, como se dan
lógicas diferentes, debe haber diferentes configuraciones
institucionales y diferentes estrategias.
–¿Qué significa para usted la apertura que se dio en las
últimas décadas por parte de la ciencia a varias formas de control
político y económico y, en algunos casos, a lo que usted llama
“intervención democrática” por miembros legos del público?
–Durante la Segunda Guerra Mundial, la ciencia produjo dos grandes
inventos que marcaron un antes y un después: el radar y la bomba
atómica. Después de esto, los gobiernos vieron que la ciencia era
esencial para la defensa nacional y comenzaron a estar profundamente
involucrados en el financiamiento de la investigación, tanto básica como
aplicada, porque no se puede saber qué se podrá hacer en el futuro con
la investigación básica. Luego emergió un sistema en el que la
investigación se convirtió en algo muy costoso por el uso de tecnologías
muy de avanzada, y éste es el sistema que existe hoy en día. Lo que es
una novedad es que los gobiernos han comenzado a retirarse y los
negocios a jugar un rol cada vez más importante. Entonces, hay una gran
cantidad de investigación y descubrimientos, pero la totalidad de la
cultura de la investigación ha cambiado para convertirse en una cultura
de tipo empresarial. Yo no estoy seguro de que sea bueno que los
investigadores vean a la investigación científica como una actividad
comercial, porque el hecho de que el conocimiento sea abierto y de que
las verdades se comparten son virtudes que no se pueden asociar con
hacer dinero. Este es el sistema que existe actualmente y las
intervenciones públicas son consecuencia del hecho de que las
tecnologías se volvieron tan poderosas y tan invasivas, que pueden
llegar a tener muy malos efectos. Por eso es esencial que las sociedades
sean lo suficientemente libres como para que la gente pueda expresar
sus experiencias con los productos de la ciencia y la tecnología, aunque
a veces se cometan errores. Por ejemplo, actualmente bastantes personas
tienen miedo de vacunar a sus hijos, pero la vacunación no presenta
ningún riesgo. Sin embargo se da esta situación porque hay falsas ideas
acerca de cuestiones científicas. Pero también hay muchas ideas
verdaderas que surgen en las protestas públicas, por ejemplo acerca de
la polución. Las compañías pueden decir que no están contaminando cuando
en realidad sí lo están haciendo, para no hacerse cargo por las
consecuencias de sus acciones. Por eso es importante que la gente pueda
protestar por estos temas. La democracia es un componente esencial de la
sociedad tecnológica, porque permite que la gente llame la atención de
las autoridades sobre los problemas que la preocupa.
–¿De qué manera se puede democratizar la ciencia y la tecnología en el circuito de una cultura empresarial transnacional?
–En el hemisferio sur la gente fue colonizada, entonces no tenían
control sobre sus vidas. Pero ahora, tienen el control, pero sus mentes
están todavía colonizadas en gran medida. Todos parecen mirar a Estados
Unidos para encontrar modelos. Bueno, no está todo mal allí, hay algunas
cosas buenas. Tenemos el mejor rock and roll del mundo (se ríe)...
Bueno, los británicos también... Pero el problema es que asumen que la
verdad es válida para cualquiera en cualquier parte, pero lo hacen en
determinado contexto socioeconómico y nacional. Por ejemplo, hay
conocimiento acerca de cómo fabricar un automóvil en Detroit, pero las
tecnologías aplicadas para hacer autos en Estados Unidos no son para
hacer autos universales sino autos estadounidenses. Probablemente los
autos en otra parte del mundo sean diferentes, aunque puede ser que usen
bastante del mismo conocimiento, pero lo aplicarán en forma diferente y
surgirá un diseño diferente también. Si se imita estrictamente lo que
se hace en Norteamérica, entonces no se tiene la solución que se
necesita a nivel local.
–Hace un par de meses se reunieron en Buenos Aires los
ministros de ciencia y tecnología de la región y formularon un documento
en el que resaltaban el valor que para la ciencia tienen los saberes
ancestrales de los pueblos originarios de América. ¿Usted considera que
la ciencia puede ser multicultural?
–Es obvio que los pueblos indígenas poseen conocimiento, cualquier
persona que experimenta con la naturaleza y la tecnología tiene
conocimientos. Algunos de esos conocimientos son bastante útiles y de
gran valor. Muchas medicinas que tomamos, por ejemplo la aspirina,
fueron inventados por pueblos antiguos, como los egipcios, hace miles de
años y todavía funcionan. Hemos incorporado en el sistema médico este
tipo de conocimiento, y es probable que los pueblos indígenas posean
otros secretos de la naturaleza que podrían ser útiles. Pero creo que
puede ser confuso hablar de ciencia multicultural. El conocimiento es
multicultural, el conocimiento tiene diferentes formas en diferentes
lugares, por su carácter cultural específico. Por ejemplo, los indígenas
que saben algo acerca de alguna hierba, pueden contar acerca de esa
planta, pero el significado cultural dado a esa hierba es lo que los
indígenas usan para describirlo. Los científicos explicarán en términos
científicos y modernos por qué una determinada hierba es útil, por
ejemplo, para detener los ataques de asma. Los indígenas saben sobre lo
que hace, tienen un conocimiento muy bueno sobre eso, pero yo no lo
llamaría conocimiento científico. Reservo el término ciencia para el
tipo de cosas hechas por los científicos, y cuando hablo de
conocimientos no sólo me refiero a los científicos, porque muchos
conocimientos no son científicos.
–La historiadora de la ciencia Donna Haraway plantea que las
figuraciones cristianas modelan gran parte del sentido tecnocientífico
del progreso y la historia. Para esta autora, la promesa de la salvación
y del remedio al problema termina justificando el estatus sagrado de
los científicos. ¿Coincide con esta visión?
–No estoy seguro de coincidir con ella. Alguien escribió un libro
acerca del sacerdocio científico y planteaba la idea de que los
científicos no serían tratados con el mismo tipo de respeto con el que
eran tratados los sacerdotes. Lo que es verdad es que la Iglesia
Católica quiere definir la realidad para millones de personas, pero
ahora no lo hace más. Los científicos, de alguna manera, definen la
realidad en lugar de la Iglesia. Es la institución de la ciencia la que
dice qué es real. Entonces, tal vez se podría decir que la ciencia está
tomando el lugar de la religión en cuanto a definir la realidad. Pero la
ciencia no tiene una autoridad divina. Es mucho más flexible,
cuestionable y adaptable. En la ciencia, como en la religión, también
hay tradiciones, algunas que son buenas para su funcionamiento y otras
que no. Los científicos pueden cuestionarse a sí mismos, mientras que
los sacerdotes se supone que no pueden cuestionar al Papa. Creo que hay
muchas similitudes entre la ciencia y la religión, y tal vez en la mente
popular hay un respeto exagerado por la ciencia. Pero aun así, no es lo
mismo, son diferentes instituciones con diferentes potencialidades. Los
científicos tienen que saber que no son infalibles, y eso es lo que
sucede cada vez más como consecuencia de su propio trabajo. Por eso hay
cada vez más interacción entre la ciencia y la opinión pública.
JOSE PABLO FEINMANN Y SU CRITICA DE LA RAZON IMPERIAL
“La historia sigue siendo conflicto, antagonismo”
Página/12 publicará a partir de mañana, gratis,
suplementos semanales coleccionables ilustrados por Miguel Rep, con la
esperada obra del filósofo y escritor. Feinmann señala que “el sujeto
mediático es el nuevo sujeto absoluto”.
Por Silvina Friera
El
hombre que avanza a un ritmo vertiginoso y sostenido –hundido en una
montaña de libros en su estudio-guarida– es un “animal salvaje” de la
escritura que no para de producir empresas “aluvionales”, como su
monumental tratado filosófico sobre el peronismo. “Atenti: el escritor
más joven de este país sigo siendo yo”, dice José Pablo Feinmann, ahora
que está cumpliendo un viejo anhelo de comienzos de los años ’70 con la
salida de Crítica de la Razón Imperial, suplementos semanales
coleccionables ilustrados por Miguel Rep que Página/12 entregará gratis,
a partir de mañana, con el diario. Le gusta –se sabe– insuflar unos
cuantos grados más de calor a las batallas que entabla en sus textos.
Habla en serio, animado por su pasión por filosofar y quemar las naves
de los lugares comunes de tanto pensamiento descartable que prolifera
por ahí. No le molesta, aclara, ser “un tipo maduro”. “No podría
escribir lo que escribo si no tuviera los años y la sabiduría que tengo y
todos los libros que me leí.” El hilo conductor de estos ensayos
subtitulados “De la conquista de América a la guerra contra el terror”
es el intento de salir de lo que JPF califica como “la peste de
Heidegger”. Ante la envergadura de esta tarea “lateral” respecto de las
“filosofías actuales”, a las que considera “cosificadas”, el cómo
desarmar esa “peste” tan contagiosa no es un detalle menor. En eso anda,
dándoles duro y parejo a las teclas de su computadora toda la noche,
pulsando y afilando las cuerdas de sus lecturas y análisis.
El propio Heidegger que reniega de Ser y Tiempo, con el que destruye
el sujeto cartesiano y el humanismo, será uno de los que guiarán a JPF.
Como corresponde, adoptará también el concepto de “destotalización” de
Sartre; y seguirá a Walter Benjamin para cuestionar que la historia
avance dialécticamente. Y para revisar el estructuralismo, la muerte del
humanismo, la muerte del sujeto, la muerte de la antropología, la
muerte de la filosofía como “imagen del mundo”, tantas muertes
anunciadas que se han convertido en su obsesión. La obsesión de Feinmann
se explicitará en ocho libros en los que abordará la colonización de la
subjetividad (el poder mediático y la construcción del sujeto-Otro), el
olor a Napalm (historia conceptual del Imperio Norteamericano), la
seriedad y el poder de lo negativo (Hegel, dialéctica y razón imperial),
el mago y sus conjuros (Marx, dialéctica y colonialismo) y esclavos y
monstruos (Sartre, el humanismo, sujeto y poder), entre otros tópicos.
En un número de la revista Envido de 1971 anticipó que algún día
habría que publicar una “Crítica de la razón imperialista”. Las palabras
muchas veces pasan a cuarteles de invierno. El tiempo y sus
convulsiones las empuja hasta que regresan “higienizadas” de la
horadación que provocan los malentendidos, los equívocos. JPF sustituyó
uno de los vocablos de combate de este proyecto. “Trato de evitar la
palabra ‘imperialismo’ por el desgaste que tiene”, admite en la
entrevista con Página/12. “Edward Said, sin embargo, la usa sin ningún
problema en su libro Cultura e imperialismo. Pero aquí, el imperialismo
había muerto y todo llevaba a la morada del ser, al lenguaje, que
remitía a Barthes, a Derrida. Y, desde luego, a Deleuze-Guattari, los
Abbott y Costello de la filosofía de los años ochenta”, recuerda
apelando a esas comparaciones que son una marca de la factoría Feinmann.
“Para mí la negatividad sigue siendo fundamental en tanto la historia
sigue siendo conflicto, antagonismo.” JPF tiene siempre una anécdota
filosófica bajo la manga. “Cuando a Foucault le preguntan su opinión
sobre el posmodernismo, dice que no sabe qué es. Y agrega que al menos
el estructuralismo venía a ocuparse de la cuestión del sujeto. El
estructuralismo liquidó al sujeto para poder entrar en Heidegger. Los
franceses necesitaban salir de Marx y de Sartre para escapar del
comunismo que se desgajaba precipitadamente.”
PF vuelve sobre el filósofo francés. “Foucault, en plena guerra de
Vietnam y en plena lucha de la guerrilla tercermundista por el ‘hombre
nuevo’, declara: ‘El hombre ha muerto’, porque el maestro de Friburgo lo
había decretado. Se pensaba una posible crítica a la modernidad, pero
fuera de Marx y de Sartre: la de Heidegger. La harán desde la derecha,
pero entregan al sujeto, al hombre, al humanismo, a la praxis y a la
historia –enumera Feinmann las sucesivas caídas–. Esta es la French
Theory; todo confluye en el lenguaje, que es la casa del Ser. El hombre
sin subjetividad, sin praxis para hacer y ser hecho por la historia, en
lugar de un ser que lucha por su dignidad y por los derechos humanos,
por su libertad, ¡es un pastor idiota que cuida al ser cuando lo saca a
pastorear! ¿Alguien le vio la cara al ser? No, porque el ser libre de
significación no existe en ninguna parte en la experiencia humana.”
–¿Qué sucede con el poder mediático cuando otro poder, un gobierno, algo inédito por estos pagos, lo enfrenta?
–El sujeto mediático es el nuevo sujeto absoluto. Esta tesis es de
una enorme riqueza. Creo que soy el primero que la postula, pero si no
es así, me importa poco. El sujeto está más centrado que nunca. El
sujeto hegeliano hoy se ha encarnado en el inconmensurable propietario
de medios de ultraderecha Rupert Murdoch. La News Corporation, el Times,
el New York Times, la Fox y otras corporaciones. Ojo: no sería raro que
el grupo Clarín fuera un desprendimiento menor del poder de Murdoch y
la News Corporation. Esta centralización del poder mediático ha
restaurado todos los poderes abominables del sujeto cartesiano. El nuevo
sujeto absoluto coloniza las subjetividades, entra en las casas,
utiliza todos los medios que le son posibles. Desde Jack Bauer y las
torturas exaltadas como necesarias en la lucha contra el terrorismo,
hasta Tinelli y el culo de Luli Salazar. Tinelli y sus culos son
altamente idiotizantes, hablo en serio; lo que busca el sujeto
centralizado del siglo XXI es idiotizar las conciencias. ¡Cómo no van a
ser altamente funcionales Susana Giménez o Mirtha Legrand! El sujeto
absoluto mediático opera por medio de monopolios y oligopolios. Un
gobierno, si quiere un control nacional de la información y de lo que
llega a la ciudadanía, debe combatir a los oligopolios mediáticos que
imponen una sola verdad, la de ellos. Esto explica la lucha de Cristina
Crishner contra los monopolios mediáticos; uso “Crishner” para unir a
Cristina con Néstor y pienso no dejar de hacerlo. Es una lucha por la
autonomía del sujeto libre, una lucha por la diversidad de voces;
diversidad que proponía el posmodernismo, pero que parece que sólo en
América latina se está llevando a cabo. Mientras se escucha la verborrea
fascista de Berlusconi y Sarkozy, en la Argentina se lucha contra el
capital, que hoy tiene su expresión fundante en la concentración de
medios.
–¿Por qué afirma en la introducción a la Crítica de la Razón
Imperial que “el mayor enemigo del género humano” es el género humano?
–Soy pesimista acerca del futuro de la humanidad. Cuando el
principal y más temible enemigo del Imperio es un fundamentalismo
terrorista del que puede esperarse cualquier dislate nuclear con
respuesta también nuclear, creo que la moral de la historia ha
retrocedido. Entre el Che Guevara y Ahmadinejad la diferencia es
abismal. La resistencia no es racional; no se busca superar al Imperio.
Se busca solamente destruirlo porque no hay ni la menor idea acerca de
qué poner en su lugar, salvo una cultura que se detuvo en el siglo XIII y
que no hizo su Revolución Francesa. El terror contra el terror, ¿qué
puede salir de ahí?
>–¿Por qué cree que Marx no trasladó al resto del mundo colonial su análisis sobre Irlanda?
–Mi análisis de Marx me va a granjear muchos problemas; hay sueltos
por algunas geografías de esta ciudad comisarios políticos estalinistas.
Es evidente que Marx debió trasladar la relación de colonialismo que
vio en Irlanda al resto del mundo colonial. Pero Irlanda era una colonia
blanca y Marx le veía mayor racionalidad. En sus análisis sobre la
cuestión colonial, a Marx lo perdió la dialéctica histórica que heredó
de Hegel. Hay que leer el canto a la burguesía que realiza en el
Manifiesto. La burguesía es la clase más revolucionaria de la humanidad:
donde entra rompe todas las relaciones feudales. Esto lo trasladó a
China e India. Y a América latina en su ensayo sobre Bolívar. Engels
aplaudió la conquista americana de los territorios mexicanos. Este libro
estará lleno de horrores; lo nuevo siempre horroriza. No se le restará a
Marx haber descubierto la explotación capitalista. Sus reflexiones
sobre la Comuna Rural rusa no alcanzan para borrar tantos errores
surgidos de una aplicación férrea de la dialéctica histórica, de su
necesariedad, de su devenir teleológico. Todo eso que Walter Benjamin
mandará al mismísimo infierno. A los europeos les gusta hablar de la
pereza de los pueblos subalternos. También Hegel hablaba de la pereza
asiática y condenaba al Islam a quedar fuera de la historia. Se equivocó
bien feo el olímpico Georg Wilhelm. El Islam se despertó y hoy
Occidente tiembla.
JPF subraya que hay que rechazar fuertemente la teleología
dialéctica. “No hay progreso en la historia. Hay acumulación de hechos;
con lo que quiero decir que nada avanza. La historia es la lucha, el
conflicto, el antagonismo de los sujetos de la praxis enfrentados. La
hacen los hombres y la historia los hace a ellos. Pero si no hubiera
hombres en este mundo, no habría historia. Habría cosas que van de un
lado a otro sin una síntesis del campo práctico que sólo el hombre puede
realizar. Cuando Heidegger pensaba en el hombre como pastor, acaso
pensaba más en las vacas que en el hombre. Un auténtico pensador habría
reflexionado sobre el nacionalsocialismo y su tragedia. ¡Qué riqueza
habríamos tenido! Pero fue un cobarde que sólo entregó fórmulas
herméticas: el pathos de la escucha a la llamada del ser. Bien se lo
dijo Adorno: a mí me preocupa el pathos de la escucha al sufrimiento de
los hombres. A nosotros también.
–Qué bella esta frase de Adorno, ¿no?
–La frase de Adorno es contundente. Yo también puedo decir una que
pronuncié hace un par de años en una librería casi a los gritos, delante
de mucha gente. Cuando vi el libro de la hasta ahora última estrella
alemana del pensamiento, Peter Sloterdijk, Venir al mundo, venir al
lenguaje, exclamé: “¡Pero qué cerdo alemán asquerosamente Primer
Mundo!”. Cuando se viene al mundo, se viene al dolor, a la guerra, a la
tortura, al hambre, a la expoliación, a la escandalosa diferencia entre
pobres y ricos. También al lenguaje, por supuesto. Pero el lenguaje
sirve para que comuniquemos lo que tenemos que decirnos en medio de esas
prácticas urgentes que tienen que salvar vidas, y por medio de las que
debemos luchar por nuestra libertad, nuestra dignidad. ¡Oh, qué bello
Sloterdijk: venir al mundo, venir al lenguaje! ¿Esas fueron sus primeras
palabras? Habrá enamorado a su partera, pero no más (risas).
–En el centro de sus ensayos está siempre Sartre. ¿Por qué
ha sido tan negado y hasta injuriado? ¿Qué es lo que más molesta de la
filosofía sartreana?
–Lo que incomoda de Sartre es que no deja de hablar de la
explotación, del colonialismo europeo, de la praxis libre del sujeto
libre, del sujeto sin contenidos. Sartre es el filósofo de la libertad.
El sujeto siempre puede superar la estructura y ser capaz de un acto
libre; existe la alienación, pero también es posible la lucha en su
contra. Hay que salir de la comodidad de las academias y de la
mediocridad de los papers. ¡Tiene que volver el compromiso! Si no,
seremos lechugas sobredeterminadas por el lenguaje, la estructura, la
economía, el maldito inconsciente y mil cosas más. ¡Basta de Lacan y
Carl Schmitt! ¿Así que tenemos que suplantar la lucha de clases por la
relación amigo-enemigo? ¡No nos tomen el pelo!
Hay que ver cómo se engrana JPF contra cierta filosofía express y sus celebrados personajes de culto.
“Mi defensa del sujeto radica en que siempre tiene que existir la
posibilidad del despertar de la alienación –fundamenta–. El sujeto que
despierta de esa pesadilla encuentra su libertad, y esa libertad se
transforma en praxis. Siempre una lucha por la dignidad y la
autoafirmación de los hombres fue una lucha por la libertad emprendida
por sujetos libres.” Feinmann apela a una cita para redondear. Con la
guapeza del que desafía a su propia memoria, la repite sin necesidad de
volver sobre las páginas donde está escrita. “Como bien dice el querido
Jean-Paul: ‘Existe la alienación. Pero si existe es porque algo se
alienó. Lo que se alienó es la libertad. Sin libertad no habría
alienación. La libertad es el fundamento del ser’. Y de la praxis, y de
la lucidez, y de la capacidad de decir ‘no’ a toda la basura que nos
echan encima y dudar de todo: desde Susana Giménez, Mirtha Legrand y
Tinelli hasta Bush, hasta Macri, hasta Duhalde, hasta el poderoso
Murdoch, hoy, todavía, invencible. Estamos en peligro y la tarea por la
libertad es larga, ardua y seguramente dolorosa.”
Nace: alrededor de 370 en Alejandría, Egipto Muere: Marzo 415 en Alejandría, Egipto
Hipatia de Alejandría fue la primera mujer que hizo contribuciones sustanciales al desarrollo de las matemáticas.
Hipatia era hija del matemático y filósofo Teón de Alejandría y es casi seguro que estudió matemáticas bajo la guía e instrucción de su padre. Es notable que Hipatia haya llegado a ser directora de la escuela platónica de Alejandría hacia el 400 d. C. Allí impartía clases de matemáticas y filosofía, enseñado particular en particular la filosofía neoplatónica1. Hipatia basaba sus enseñanzas en las de Plotino, el fundador del Neoplatonismo, y de Iámblico, uno de los desarrolladores del Neoplatonismo alrededor del 300 d. C.
Plotino enseñaba que hay una realidad última que está más allá del alcance del pensamiento o del lenguaje. El objetivo de la vida era apuntar a esta última realidad, la cual nunca podía ser descrita con precisión. Plotino enfatizaba que las personas no tenían la capacidad mental para entender completamente la realidad última en sí misma ni tampoco las consecuencias de su existencia. Iámblico distinguía más niveles de realidad en una jerarquía de niveles por debajo de la realidad última. Había un nivel de realidad correspondiente a cada pensamiento distintivo de los que es capaz la mente humana. Hipatia enseñó estas ideas filosóficas con un énfasis científico mayor que los seguidores anteriores del Neoplatonismo. Todos los comentaristas la describen como una maestra carismática.
Hipatia llegó a simbolizar aprendizaje y ciencia, lo que los primeros cristianos identificaban con paganismo. Sin embargo, entre los alumnos a los que enseñó en Alejandría había muchos cristianos importantes. Uno de los más famosos es Sinesio de Cirerne, quien después sería obispo de Temópolis. Se conservan muchas de las cartas que Sinesio escribió a Hipatia y vemos a alguien que estaba lleno de admiración y respeto por las habilidades científicas y de aprendizaje de Hipatia.
En el 412, Cirilo (después San Cirilo) se convirtió en patriarca de Alejandría. Sin embargo, el prefecto romano de Alejandría era Orestes y ambos se convirtieron en acérrimos rivales políticos en la lucha por el control entre iglesia y estado. Hipatia era amiga de Orestes y esto, junto con los prejuicios contra sus posiciones filosóficas que eran consideradas paganas por los cristianos, hicieron que Hipatia se convirtiera en el punto central de las luchas entre cristianos y no-cristianos.
Hipatia, escribe Heath en [4]:
... por su elocuencia y autoridad ... logró una influencia tal que la cristiandad se sintió amenazada ...
Algunos años después, de acuerdo con un reporte, Hipatia fue brutalmente asesinada por los monjes Nitrianos que eran una secta de seguidores fanáticos de Cirilo. Según otro relato (de Sócrates Escolástico), Hipatia fue asesinada por una muchedumbre alejandrina bajo el liderazgo de Pedro el Lector. Lo que definitivamente parece indisputable es que fue asesinada por cristianos que se sentían amenazados por su erudición, sabiduría y la profundidad de sus conocimientos científicos. Este acontecimiento parece ser un momento decisivo como se describe en [2]:
Cualquiera que haya sido el motivo preciso del homicidio, la partida poco después de muchos estudiosos marcó en inició del declive de Alejandría como un importante centro de aprendizaje de la antigüedad.
No hay evidencia de que Hipatia haya hecho investigación original en matemáticas. Sin embargo, asistió a su padre, Teón de Alejandría, a escribir las once partes de su comentario al Almagest de Ptolomeo. También se cree que lo ayudó a producir una nueva versión de los Elementos de Euclides que se ha convertido en la base para todas las ediciones posteriores. Heath escribe sobre la edición de Teón e Hipatia de los Elementos [4]:
... aunque hace solamente adiciones poco importantes al contenido de los 'Elementos', él se esforzó por eliminar las dificultades que podrían encontrar los estudiantes en el libro, como haría un editor moderno al revisar un libro de texto clásico para ser usado en las escuelas; y no han duda alguna de que su edición fue aprobada por sus alumnos en Alejandría, para quienes fue escrita, así como por griegos posteriores quienes la usaron casi exclusivamente...
Además del trabajo en conjunto con su padre, Suidas nos informa que Hipatia escribió comentarios sobre la Arithmetica de Diofanto, las Cónicas2 de Apolonio y sobre los trabajos astronómicos de Ptolomeo. El pasaje en Suidas no es muy claro y casi todos los historiadores dudan que Hipatia haya comentado otras obras de Ptolomeo aparte de los que escribió con su padre.
Toda la obra de Hipatia se ha perdido excepto por sus títulos y algunas referencias a ella. Sin embargo, no se conoce ningún trabajo puramente filosófico, solamente en matemáticas y astronomía. Basado en esta pequeña cantidad de evidencia, Deakin en [8] y [9], arguye que Hiparia era una excelente recopiladora, editora y preservadora de obras matemáticas anteriores.
Como se mencionó arriba, existen algunas cartas de Sinesio a Hipatia. Estas piden su consejo sobre la construcción de un astrolabio3 y un hidroscopio.
Charles Kingsley (más conocido por su novela Los niños del agua, 1863) la hizo la heroina de una de sus novelas: Hipatia, o los últimos esfuerzos del paganismo en Alejandría. Como escribe Kramer en [1]:
Trabajos como este han perpetuado la leyenda de que no era solamente una intelectual sino también bella, elocuente y modesta.
Artículo de:J J O\'Connor y E F Robertson MacTutor History of Mathematics Archive
Notas
Los neoplatónicos fueron la última de las grandes escuelas de filosofía de la Antigua Grecia. La escuela fue fundada por Plotino en el siglo III. Plotino y sus discípulos se consideraban a sí mismos platónicos pero su filosofía contenía también ideas aristotélicas y estoicas.
Una cónica o sección cónica es una de las curvas (círculo, parábola, hipérbola o elipse) que pueden obtenerse intersectando un plano y un cono (de doble lado).
Un astrolabio es un instrumento antiguo para medir el ángulo entre el horizonte y una estrella o planeta. Fue reemplazado por el octante y el sextante.
Bibliografía
Biografía en Dictionary of Scientific Biography (New York 1970-1990).
Biografía en Encyclopaedia Britannica. Libros:
M Dzielska, Hypatia of Alexandria (Harvard, 1995).
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